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El Miserere (leyenda religiosa)



Ese Miserere, que sólo oyen por casualidad los que como yo andan día y noche tras el ganado por entre breñas y peñascales, es toda una historia; una historia muy antigua, pero tan verdadera como al parecer increíble. Es el caso, que en lo más fragoso de esas cordilleras, de montañas que limitan el horizonte del valle, en el fondo del cual se halla la abadía, hubo hace ya muchos años, ¡que digo muchos años!, muchos siglos, un monasterio famoso; monasterio que, a lo que parece, edificó a sus expensas un señor con los bienes que había de legar a su hijo, al cual desheredó al morir, en pena de sus maldades. Hasta aquí todo fue bueno; pero es el caso que este hijo, que, por lo que se verá más adelante, debió de ser de la piel del diablo, si no era el mismo diablo en persona, sabedor de que sus bienes estaban en poder de los religiosos, y de que su castillo se había transformado en iglesia, reunió a unos cuantos bandoleros, camaradas suyos en la vida de perdición que emprendiera al abandonar la casa de sus padres, y una noche de Jueves Santo, en que los monjes se hallaban en el coro, y en el punto y hora en que iban a comenzar o habían comenzado el Miserere, pusieron fuego al monasterio, saquearon la iglesia, y a éste quiero, a aquél no, se dice que no dejaron fraile con vida. Después de esta atrocidad, se marcharon los bandidos y su instigador con ellos, adonde no se sabe, a los profundos tal vez. Las llamas redujeron el monasterio a escombros; de la iglesia aún quedan en pie las ruinas sobre el cóncavo peñón, de donde nace la cascada, que, después de estrellarse de peña en peña, forma el riachuelo que viene a bañar los muros de esta abadía.

Las gentes de los contornos se escandalizaron del crimen: de padres a hijos y de hijos a nietos se refirió con horror en las largas noches de velada; pero lo que mantiene más viva su memoria es que todos los años, tal noche como la en que se consumó, se ven brillar luces a través de las rotas ventanas de la iglesia; se oye como una especie de música extraña y unos cantos lúgubres y aterradores que se perciben a intervalos en las ráfagas del aire. Son los monjes, los cuales, muertos tal vez sin hallarse preparados para presentarse en el tribunal de Dios limpios de toda culpa, vienen aún del purgatorio a impetrar su misericordia cantando el Miserere.


Estracto de "El Miserere" Gustavo Adolfo Becquer


Redactado por Juan

Juan, miembro del "Club de los conocedores" y socio fundador del recordado "clan de los pervertidos" Estudios en Derecho por Universidad San Martín de Porres; su meta en esta vida es ser PornStar

5 comentarios; pon el tuyo! y se feliz:

María Angélica dijo...

Que siniestro y fuerte el relato.
No lo conocía.
Saludos.

Gianna dijo...

Siniestro y fuerte como el propio dueño del blog, jajaj.
Es broma.
¡Feliz Navidad, Mª Angélicaª

Mosarella dijo...

jajajaja siniestro y fuerte gracias por los alagos princesa gianna feliz navidad amigas

Peppe dijo...

Buon Natale e felice anno nuovo!

María Angélica dijo...

Jajajajaja.
Gianna Francisco, para ustedes una muy felíz navidad lleno de amor y paz y un prosperísimo año nuevo.
Abrazos.

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